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martes, 1 de marzo de 2011

¿QUÉ LE DUELE AL MUNDO?

¿Con calor y sin sombrita de árbol?


Por Fannia Cadena.

En los últimos años, se han hecho insoportables el aumento de calor, sequía, periodos de lluvias irregulares e inundaciones, fenómenos que se deben al cambio climático que produce, en gran parte, la deforestación; uno de los principales embates contra la biosfera de la Tierra.

En México se pierden entre 350 y 650 mil hectáreas de zonas boscosas cada año. Las ganancias inmediatas y los beneficios a corto plazo que se obtienen de la sobreexplotación de madera, son menores en comparación a lo que aporta un árbol al planeta.  Tan sólo para la edición dominical de un periódico de circulación nacional, se consumen cientos de hectáreas, todo para que después se ocupe para envolver papayas, como documenta “papá Jerry”.

Para entender mejor la cosa, las plantas y árboles generan humedad porque liberan agua a través de sus hojas. Eso hace posible que se formen nubes y haya lluvia. Pero si se reduce la extensión de flora, selvas y bosques; las posibilidades de lluvia también disminuyen.  Así que si se quejan de la sequía y los incendios ya saben a qué se debe.

Futuros periodistas: en lugar de dejar que se extienda el incendio para hacer más sensacional su nota, siembren un arbolito, que sí beneficia a todos y no una noticia despampanante que sólo sirve para hacerlos destacar, pero negativamente. 

Ya que se talaron o se incendiaron los bosques, se produce un cambio en el suelo que altera el clima: se evapora una cantidad menor de agua y por consecuencia hay menos lluvias. En los lugares donde ha habido tala desenfrenada, las lluvias se han ausentado. Lo que los ha convertido en zonas áridas, erosionando el suelo atacado por la sequía. Estos son los blancos más fáciles de los empresarios que quieren establecer centros comerciales o grandes negocios, “que tumben esos dos arbolitos que quedaban, al fin que ahí ya no se puede dar nada que no sean billetes”, dice la voz de los industriales, transnacionales y magnates. 

Al desaparecer los árboles, se acaba también con la absorción de dióxido de carbono (CO2), que es generado por carros e industrias y en mayor proporción donde existen grandes asentamientos urbanos. En consecuencia, cada vez hay menos árboles que conviertan CO2 en oxigeno; lo que conduce al denominado efecto invernadero que tanto aqueja a la población, del que mucho se habla pero poco se hace.  

No todos los factores que ocasionan la pérdida de los recursos forestales son culpa de uno, pero entre todos, contribuimos en mayor o menor medida a la tala ilegal, incendios, aumento poblacional, uso de los suelos de los bosques para la agricultura o ganadería (para fines de subsistencia o comerciales que provocan la degradación de la tierra), establecimientos urbanos, explotaciones mineras, petrolíferas, carreteras, presas, desarrollos turísticos, obtención de madera, papel, leña y carbón.

Otro factor es la contaminación atmosférica que generan las industrias, fábricas y vehículos. Estos producen contaminantes quemando carbón y materiales derivados del petróleo que escapan a la atmósfera combinándose con agua y oxígeno. Lo que después se convierte en ácido sulfúrico y ácido nítrico que se precipita como lluvia ácida que termina por también dañar la vegetación y zonas forestales.

Pero tal vez el mayor factor que provoca este problema es favorecer políticas económicas que otorgan a las industrias y fábricas libertad para explotar recursos forestales y contaminar el entorno. Gobernantes y empresarios muestran poco compromiso ambiental pero grandes ambiciones de lucro. Considerando que todos estos factores en conjunto perjudican la diversidad biológica, la tala de árboles debería ser limitada y justificada. Pero en cambio, es desmedida e irracional.

Hasta el momento, no existe ninguna política para detener la tala clandestina. La atención del gobierno se centra más en el combate al narcotráfico y al crimen organizado que en aplicar leyes para proteger los bosques y recursos naturales. Los fenómenos que están afectando al planeta y a su población, son el costo de esta apatía.

Los daños son irreversibles pero todavía es posible detener este proceso. Plantando más árboles de los que se cortan. Poblando de árboles los alrededores de las carreteras. Que la madera solo sea obtenida de las plantaciones para fines industriales, no de los bosques naturales. Dispersando árboles dentro de la zona urbana, no solo en áreas verdes.

Un árbol da sombra, oxígeno y favorece la llegada del agua, pero como sabemos que no nos van a hacer ni el mínimo de caso nuestros gobernantes y empresarios, lo que tenemos que hacer es no empeorar la situación, dejando de producir tanta pinche basura plástica, hacer uso racional del papel y no comprar muebles hechos de los árboles que más se están acabando.


Twitter: @maidenfannia
face-book: Fannia Cadena


miércoles, 9 de febrero de 2011

¿QUÉ LE DUELE AL MUNDO?

¿Verde del planeta o verde del billete?
 Por Fannia Cadena.
La más reciente Cumbre sobre el Cambio Climático, celebrada a finales de 2010 en Cancún, no sirvió más que para reafirmar la postura de los países que son los principales emisores de bióxido de carbono y de las transnacionales que más propician el calentamiento global. El resultado de esta conferencia no cambio nada: Estados Unidos, China, la Unión Europea y Japón se niegan a reducir sus emisiones contaminantes.
Gobernantes y empresarios –que de hecho son lo mismo-, son atraídos a la órbita de competencia por el desarrollo industrial y económico. Las ganancias de las empresas se convirtieron en la máxima aspiración. En los que menos se piensa es en renunciar a las comodidades, los lujos, al derroche de combustibles y el desperdicio de recursos naturales.
Las comodidades de la civilización y la locura de la competencia, son la raíz de las degeneraciones climáticas y ambientales del planeta, de las que todos se quejan. Tal como hoy están estructuradas las sociedades del mundo, no restan muchos años más en los que, al menos la población mundial más rica, sobreviva con una calidad de vida digna. Nada mejor se puede esperar en los países subdesarrollados en los que la miseria, la hambruna, enfermedades y los daños por los desastres naturales son un problema endémico.
La clase empresarial no se plantea utilizar otro combustible que no sea el petróleo, porque implica cambiar los modos de producción e invertir en los nuevos. Tampoco promueven otro tipo de energía como la eólica, solar, geotérmica oceánica o cinética. No existen políticas públicas para hacer uso más racional de los medios de transporte, no hay un control gubernamental para recortar el gasto público en el consumo de energía eléctrica, menos aún para regularizar a los grandes contaminantes como fábricas, plantas eléctricas o transportistas.
Actualmente se prefiere lo inmediato, lo que cueste menos trabajo, lo que tarde menos tiempo, aunque las consecuencias sean visibles después. Ya se pensará qué hacer entonces. Los beneficios inmediatos por las inundaciones y sequias futuras. Un minuto por una vida, todo sea por las  cuantiosas ganancias. 
Aún sabiendo que gobernantes y empresarios no hacen caso a las recomendaciones ecológicas, la ciudadanía puede tomar medidas ante este problema. Si las grandes transnacionales y fábricas mundiales no se interesan en usar otro tipo de material menos contaminante para envasar sus productos, lo que si pueden hacer los consumidores es “darles en la torre” a las empresas de los productos hechos o contenidos en plástico, dejando de comprarlos.
Sin embargo, es urgente un giro en las formas de producción y de consumo a nivel mundial, ya que los ciudadanos pueden disminuir en lo posible su generación de basura y contaminantes, pero la mayor contribución será cuando en los expendios y tiendas comerciales ya no predominen los plásticos. Si se elimina este material desde que sale de la fábrica, los consumidores no generarán ese tipo de basura contaminante. Los ingenieros de los materiales pueden y deben inventar algo que sí sea biodegradable.
Por lo pronto si las personas se concientizan y usan menos los electrodomésticos (que para generar la electricidad con la que funcionan, las centrales térmicas producen toneladas de bióxido de carbono), los carros (en Brasil miles de carros usan alcohol de caña en vez de gasolina, más barato y menos puerco), las bolsas de plástico y con ello se renuncian un poco a las comodidades inmediatas, se evitará que empeore el mundo y se vuelva inhabitable, pobre y cruel.
No hay que perder de vista que para las generaciones que vienen, que serán los hijos y nietos de la población joven actual, podrían tener un futuro sin calidad de vida si no dejamos de joder al planeta.